Esta película brasileña, de fuerte textura narrativa, inquietante y provocadora, rudimentaria y lúcida, nos cuenta la aventura terrible y efímeramente vital de unos muchachos que hacen su vida en las calles y favelas de Río de Janeiro, zona y ciudad, en la que, título aparte, todo anda más cercano del infierno que de Dios.
Entre los años 60 y 80 discurre la acción, vida y muerte de algunos de estos muchachos, ciertamente encanallada y suburbial y siempre al borde del precipicio más desesperado.
Buscapé, chaval de 11 años, vive en la Ciudad de Dios. Tímido y delicado, observa con dolor e intriga la vida y comportamientos de los otros niños del barrio, duros, envilecidos, ligeros de gatillo y fogueados en mil batallas y refriegas, donde la propia vida y la ajena apenas tienen el valor de un ochavo.
Buscapé quiere ser fotógrafo para liberarse de tanta violencia y corrupción desatadas. En cambio, Dadihno, un niño de la misma edad, se viene al barrio con pretensiones de convertirse en el criminal más peligroso de la ciudad de Río de Janeiro.
Por lo tanto, estamos ante una de esas películas que te enfilan la mirada y la conciencia como una daga penetrante, que desasosiegan y alteran el sueño de más de uno, que encierran una evidente carga de acusación social y personal, porque nos habla de unas pobres criaturas cuyo destino inexorable es el dolor, la miseria y la muerte violenta.
La mayor parte de estos muchachos hicieron su aprendizaje en pequeños delitos y acabarán enfangándose finalmente en el comercio y tráfico de la cocaína, hasta que una bala perdida, un navajazo de reyerta, les parta el corazón en dos.
Y uno se pregunta: ¿Por qué es esto así? ¿No caben otras salidas? ¿Son vidas condenadas indefectiblemente a este destino?
Estamos, de todas, todas, ante una película de denuncia, en la clave de la conocida "Pixote" (1981) otra película brasileña de pegada y que, en su día, acaparó atención y premios en nuestro Festival de San Sebastián.
Por todo ello, podemos comprobar que el cine brasileño es mucho más, aunque sea minoritariamente, que culebrones sobre amores dulzones y tórridos en las playas de Copacabana, o suaves adaptaciones de sus figuras más señeras en el aspecto literario como Jorge Amado.
"Ciudad de Dios" es una película filmada con sangre y en directo, con una pandilla de chavales no profesionales y mucho dedo acusador para cualquier espectador sensible e inteligente. Muchos quilates de talento y acusación por parte de sus componentes y que, sinceramente, nos da a conocer una realidad de las que no conviene olvidarse.
"Ciudad de Dios" ("La ley de las favelas") estuvo presente en la ceremonia de los Oscar representando a Brasil.