Me siento inevitablemente reivindicativo al escribir esta crítica sobre “Horas de luz”, la tercera película de Manolo Matji que no tuvo demasiado éxito ni excesivo reconocimiento por parte de la crítica en el pasado Festival de San Sebastián, siendo por otra parte como era, la única representante a concurso de nuestro cine patrio.
Calientes todavía las pupilas con el visionado de esta película, este proceder con ella de unos y otros tan de soslayo, tan cicatero a la hora de hacerle justicia y reconocer sus valores, me parece fuera de lugar y casi deshonesto. Y rompo por ella desde ahora mismo las lanzas que sean necesarias.
Se trata cuando menos, de una película sincera y honesta, realizada con un pulso narrativo encomiable, austera de trazo como requiere el rigor histórico del caso que nos cuenta, su dureza ambiental, la rígida privación de libertad entre barrotes por tiempo indefinido.
Toda su progresión narrativa obedece fidelísimamente al título que la acompaña: “Horas de luz”. Una luz que, contra viento y marea busca penetrar en el mundo carcelario de las tinieblas.
Allí vive, alimenta sus desgracias y rencor Juan José García, un tipo frío, hermético, aparentemente poco dado a expresar sentimientos o afectos que parezcan ligarlo a nadie ni a nada. Cumple condena indefinida en el penal de alta seguridad de El Dueso. Antes había matado a tres hombres a bocajarro y sin motivo aparente.
A El Dueso, un buen día, llega la enfermera Marimar, un ser humano entrañable, capaz de mucha ternura que le proporciona el preso García el amor y comprensión que jamás había tenido. A partir de este encuentro y en el marco desolado y represivo de la cárcel, la tiniebla se hace luz y el drama carcelario se convierte en una vigorosa historia de amor hecha a partes iguales de entrega e inevitable desasimiento.
Gracias también a la benéfica influencia de esta mujer, Juan José García transformó su vida. Estudió Historia, se convirtió en un empedernido lector (cultura autodidacta) y comenzó a escribir relatos literarios.
Manolo Matji, recreando esta historia tensa y verídica, esta aparente recreación del hacer y el deber de Juan José García, nos sirve una honda reflexión sobre el sistema penitenciario, el tipo de funcionariado que genera (el comprensivo Chincheta y el sádico Granizo), sobre la sociedad española actual y sobre los seres humanos movidos por sentimientos encontrados.
Matji, con el apoyo seguro y convincente de Alberto San Juan y la veteranía y eficacia de Enma Suárez, nos cuenta este contenido y emocionante relato sobre el preso Juan José García que aún lucha en la cárcel de alta seguridad de El Dueso por su derecho a redimirse y la posibilidad de cambio.