La temporada veraniega, los fuertes calores, de siempre acompañaron carteleras cinematográficas de escasa exigencia y corto reclamo. La cita de estrenos de la mayor parte de las salas del país suele refugiarse en títulos oportunistas, de corte juvenil o infantil, que es un público “vacacional” que busca la cómplice frescura de la sala. Pero en semejante desierto fílmico brota como flor exótica y gratificante esta hermosa historia de mujeres reales, intensas, profundamente humanas, que nos garanticen emociones y vivencias a punta de corazón, a flor de piel. Resultan inolvidables esos 18 años de Ana, la protagonista; su simpatía, sus ojos vivaces e intensos que se beben la vida a sorbos, su inteligencia precoz a la que aguarda, obstáculos aparte, un brillante porvenir universitario... Entre ella y su madre posesiva se llevan el gato al agua por lo que hace al memorable cuadro de interpretaciones que sustenta la película. Es una película deliciosa de ver y sabrosa de recordar. Realizada con mimbres flexibles y, aparentemente, fáciles y cotidianos pero con muchas dosis de observación y ternura.
Es la constatación, una vez más, de que el cine y la vida suelen andar a la
par frecuentemente. Donde la sonrisa y la lágrima, la incertidumbre y los
ramalazos temperamentales se mezclan en esa retorta mágica que es el cotidiano
vivir de las gentes.
Nuestra historia se centra en ese Hollywood latino,
que cada vez está adquiriendo más peso en el reciente cine americano. “LAS
MUJERES DE VERDAD TIENEN CURVAS”, elabora un paisaje, el de Los Ángeles, de los
latinos ya asentados, el del trabajo extenuante y agotador, el de los pequeños
sueños cotidianos tan frecuentemente irrealizados e irrealizables y donde
alguien, llena de personalidad y fuerza interior, Ana, está empeñada en sacar la
cabeza a flote, poner tierra de por medio y amarrar con uñas y dientes su
futuro. Dicho en cristiano: un acoso hermoso y ejemplar de lucha y superación
personal.
No es de extrañar que en su andadura comercial, esta película esté constituyendo un gran éxito, acapare abundantes abundantes premios y esté encontrando en el boca a boca de los espectadores su mejor lanzamiento publicitario.
Eduardo Gil de Muro.
Servicio de Comunicación de Cáritas Rioja.