Por Patricia Ocampo Castillo

Desde hace cuatro años empecé a caminar por estos senderos del voluntariado social., y junto con el caminar me preguntába costantemente:¿sirve de algo dar de tu tiempo, para poder producir un cambio?…, y simplemente por conocer otras sociedad, otra realidad y otras culturas es lo que me hace constantemente caminarlo día a día…

Fué un desafío enorme trabajar y participar en un centro penitenciario, con un crisol de razas diversas en el cual recuerdo: que a pesar de que yo pensaba, “son majos”, algunos superiores me lo hicieron recordar “son presos”, y a pesar que eran presos , para mí sobre todo eran jóvenes que aún tenían mucho para cambiar, mucho para dar y sobretodo una exelente predisposición para recibir.

Siempre esperaban algo: una reflexión, una actividad manual, un curso en donde podríamos hablar libremente de drogas, de sexo y de sida y miles de preguntas, con respuestas que les satisfacían como personas.

Aprendí a no temerles, a que hay actitudes muy simples que aún como voluntarios podemos llegar a cambiar y a revertir situaciones en ellos. El camino es de ida y vuelta: das tu tiempo, tus pensamientos, tus miedos y cosechás experiencias, agradecimientos, formación , aprendizaje y sobre todo que detrás de las rejas aun podíamos tener” Libertad”.